miércoles, 22 de marzo de 2017

La conquista de la Luna

Ilustración de Al Feldstein.

Después de establecer un servicio de viajes de ida y vuelta a la Luna, de aprovechar las excelencias de su clima para la curación de los sanguíneos, y de publicar bajo el patronato de la Smithosonian Institution la poesía popular de los lunáticos (Les Complaintes de Laforgue, tal vez) los habitantes de la Tierra emprendieron la conquista del satélite, polo de las más nobles y vagas displicencias.
La guerra fue breve. Los lunáticos, seres los más suaves, no opusieron resistencia. Sin discusiones en café, sin ediciones extraordinarias de El matiz imperceptible, se dejaron gobernar por los terrestres. Los cuales, a fuer de vencedores, padecieron la ilusión óptica de rigor —clásica en los tratados de Físico-Historia— y se pusieron a imitar las modas y usanzas de los vencidos. Por Francia comenzó tal imitación, como adivinaréis.
Todo el mundo se dio a las elegancias opacas y silenciosas. Los tísicos eran muy solicitados en sociedad, y los moribundos decían frases excelentes. Hasta las señoras conversaban intrincadamente, y los reglamentos de policía y buen gobierno estaban escritos en estilo tan elaborado y sutil que eran incomprensibles de todo punto aun para los delincuentes más ilustrados.
Los literatos vivían en la séptima esfera de la insinuación vaga, de la imagen torturada. Anunciaron los críticos el retorno de Mallarmé, pero pronto salieron de su error. Pronto se dejó también de escribir porque la literatura no había sido sino una imperfección terrestre anterior a la conquista de la Luna.

Ensayos y poemas (1917)
Julio Torri

martes, 21 de marzo de 2017

La lectura

Jean-Baptiste Camille Corot. Mujer leyendo.

Capítulo VI
Los autores espirituales que han hablado de la manera de leer un libro para que sirva de alimento al alma, aconsejan cesar de leer desde el instante que el alma se siente conmovida. Y la más bella imagen que pueda darse de la lectura es la de esa mujer que Corot ha pintado, y que sueña o contempla, la mano en un libro en el cual abandona un dedo. Lo que el autor desea, desde luego, es realizarse en un alma. Os ofrece espacios entre los renglones y en los márgenes para que escribáis vuestros pensamientos junto a los suyos. Nada es tan conmovedor como un libro abierto en la misma página, bajo vuestra mirada atenta, mientras esperáis el ruido de la hoja que no será vuelta...
Es verdad que si se levantara tienda en cada pasaje que agrada o mueve a reflexión, no se leería jamás. Se cuenta que un Padre del desierto, deseando meditar sobre el Padrenuestro, no había pasado al cabo de algunos años del "Padre Nuestro...", que lo contiene todo. Sin embargo, para leer bien un libro, conviene leerlo por completo, aunque sea a la carrera, y captar su ritmo a fin de que las partes que se elijan se mantengan envueltas en la luminosidad del Todo.

Traducción de Celia Pereira y Carlos A. Duval. Revisión de Carlos Rovetta.

El trabajo intelectual (1951)
Jean Guitton

domingo, 19 de marzo de 2017

Memorias

Isaac Asimov. Memorias.

Recuerdo las cálidas tardes de verano en que había poco movimiento en la tienda y mi padre, con o sin mi madre, podía arreglárselas sin mí. Me sentaba fuera de la tienda (siempre disponible por si había una emergencia), con mi silla apoyada contra la pared.
También recuerdo que después de nacer mi hermano Stanley tuve que ocuparme de él; empujaba el cochecito alrededor de la manzana veinte o treinta veces mientras leía un libro que apoyaba contra el manillar.
Me recuerdo volviendo de la biblioteca con tres libros, uno bajo cada brazo y leyendo el tercero. (Se lo contaron a mi madre calificándolo de «comportamiento extraño» y me riñó, ya que tanto a ella como a mi padre los horrorizaba la posibilidad de molestar a sus clientes. Como usted se imaginará, no hice ningún caso).
En otras palabras, era un clásico «ratón de biblioteca». A los que no lo son, les puede resultar extraño que alguien se pase el día leyendo, dejando que la vida con todo su esplendor pase inadvertida, malgastando los despreocupados días de la juventud y perdiéndose la maravillosa interacción entre el músculo y los tendones. Puede parecer que eso tiene algo de triste, incluso de trágico, y uno podría preguntarse qué impulsa a un joven a hacer algo así.
Pero la vida es fantástica cuando uno es feliz; la interacción entre el pensamiento y la imaginación es muy superior a la de músculos y tendones. He de decir, si usted no lo sabe por propia experiencia, que leer un buen libro, embebido en el interés de sus palabras y pensamientos, produce en algunas personas (en mí, por ejemplo) una increíble sensación de felicidad.
Si quiero evocar la paz, la serenidad y el placer, pienso en mí mismo durante esas tardes de verano perezosas, con la silla apoyada contra la pared, el libro en el regazo y pasando las páginas suavemente.
En determinadas épocas de mi vida ha habido ocasiones de mayor éxtasis, grandes momentos de satisfacción y triunfo, pero por lo que respecta a una felicidad tranquila y reposada, nunca nada que se pueda comparar con esto.

Traducción de Teresa de León

Memorias
Isaac Asimov

jueves, 16 de marzo de 2017

A ti solo

Juan Ramón Jiménez, retratado por Daniel Vázquez Díaz.

¡No corras, ve despacio, que adonde tienes que ir es a ti solo!

Arenal de eternidades (1916-1917)
Juan Ramón Jiménez

Atracción de contrarios

José Manuel Caballero Bonald. Diario de Argónida.

Se me quedó la vida en muchos sitios
donde no estuve nunca.
                                             Vuelvo así
consecutivamente de esas ávidas
lontananzas de la imaginación
hasta el lugar fortuito en que ahora estoy.

No se ve a nadie desde tantas
fabulaciones de la geografía,
sólo un crespón de bruma matinal,
la trama ondisonante del otoño,
el dardo gris del frío.

Los fulgores viajeros son ya mustias
supercherías de la luz
y es como si de pronto se fuera insinuando
un último vestigio de alcohol y de abulia
por los abigarrados vericuetos
del tiempo:
                      esa impura manera
de ir dejando la vida
en lugares donde nunca estuve.

Diario de Argónida (1997)
José Manuel Caballero Bonald

lunes, 13 de marzo de 2017

El pueblo natal

Alexander Kanoldt. Olevano.

En el pueblo natal, en el jardín esponjado por las lombrices,
crece todavía la aquilea
y en todas las casas se oye el vetusto tictac de los relojes de pesas.
El humo asciende de las cabañas como columnas del sacrificio
y para aquellos que vienen de lejos,
del duro trabajo de los mares del mundo y de las calles de putas de Barcelona,
este sereno pueblecito parece una mentira silenciosa.
Una mentira junto a la que a uno le gustaría demorarse.
Una mentira por la que uno querría
                           pisotear todas las malvadas verdades.
De Antología de lírica moderna (1931) 

Traducción de Francisco J. Uriz

Entre luz y oscuridad
Harry Martinson

domingo, 12 de marzo de 2017

El arte de la armonía

Ramiro A. Calle. El arte de la armonía.

La gran liberación

El discípulo anhelaba respuestas y quería hallar la armonía definitiva. Una mañana, mientras paseaba con su preceptor, le preguntó:
—¿Qué es la gran liberación?
—¡Apresúrate!
—Pero ¿en qué debo apresurarme?
—¡Contempla el torrente!

Comentario


Se tiene que despertar la mente, activarla, mantenerla en el presente, abrir los sentidos, conectar con cada instante, sentir, percibir intensamente, no adormecerse en los propios pensamientos incontrolados.
¡Contemplad! Sin reacciones desagradables, sin recuerdos que se interpongan, sin comparaciones banales. ¡Contemplad! Pero empezad ya, no mañana, porque la enfermedad del mañana nos gana y el mañana nunca llega. Ahora es el momento de contemplar: esa flor, ese atardecer, el rostro de ese amigo... ¡Contemplad! A menudo nos contemplamos, no percibimos, no estamos despiertos, sino que somos mecánicos, psíquicamente sonámbulos, embotados.
Contemplad con atención, contemplad con ecuanimidad. Mantened la mente en estado meditativo, abierta y alerta, pues cada instante cuenta para el que sabe contemplar; pero no dejéis que nada interfiera entre el que contempla y lo contemplado.

El arte de la armonía (2002)
Ramiro A. Calle

sábado, 11 de marzo de 2017

Dichos

Rafael Cadenas, fotografiado por Manuel Sardá.

Sondear ese extraño que uno es. Pero ¿quién indaga? Alguien perdido sale a buscar a alguien perdido.

El misterio tiembla en todas partes, también en nosotros, pero no nos percatamos.

No hay diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario.

Todo hombre es antiquísimo, pero no lo quiere saber.

Estar sin ídolos, con la vida, siendo.

Lo esencial no es de ninguna época.

Ningún viento puede apagar la llama que en nada se apoya.

Somos arenas susurrantes.

La vida, ese hecho deslumbrante, inasible, tremendo, no es suficiente para el hombre. Él exige más, y por supuesto, nada puede aplacar su descontento.

Lo inmediato, esa cima.

Dichos
Rafael Cadenas

miércoles, 8 de marzo de 2017

Litología

José Manuel Ruiz Blanco. La piedra mágica II

Arrojaría la primera piedra
si tan sólo supiera
                                   contra qué
                                   contra quién
Pero callo
                   obedezco
gasto mis días
                          pongo
hasta el cansancio piedra sobre piedra
Repito:
sobre esta piedra inventaré mi vida
Repito:
sola piedra de escándalo la muerte
Y oigo la piedra de moler del tiempo
que adelanta noticias de mi polvo
Hasta las piedras saben esa historia:
que no quedará piedra sobre piedra

Plagio I. Comentarios
Ulalume González de León

lunes, 6 de marzo de 2017

Escultura

Enrique Badosa. Mapa de Grecia.

En lo definitivo de mi edad,
más que nunca me siento responsable
de este lugar que ocupo en el espacio.
Donde yo estoy, podría hallarse un hombre
no sólo con más fuerza de vivir,
con más dominio y más inteligencia,
sino con más bondad en la mirada.
Debo mucha alegría y juventud,
el amor, la amistad, los libros verdaderos
y el regresar a Grecia para siempre.
Ocupo yo tal vez el lugar de otro
que lo merece más.
Pero me acepto y seguiré pensando
en las obras maestras.

Mapa de Grecia (1979)
Enrique Badosa

domingo, 5 de marzo de 2017

Remedia amoris II

Ángel García Pinto. Jinetes asirios, siglo IX a. de C.

Los soldados asirios nunca amaron.
Así se afirma en un tratado antiguo.
Si no te sirve el caso, a mí tampoco,
pero deja el amor para mañana.
Si desprecias la guerra, no guerrees:
dedícate al estudio, por ejemplo,
hay campos no trillados todavía:
el imperio Kitán, Saray quemada,
la diplomacia escita, el Siglo Oscuro,
pero deja el amor para mañana.

Europa y otros poemas (1979-1990)
Julio Martínez Mesanza

viernes, 3 de marzo de 2017

Razón de amor

Pedro Salinas. Razón de amor.

¡Pasmo de lo distinto!
¡Ojos azules, nunca
igual a ojos azules!
La luz del día este
no es aquella de ayer,
ni alumbrará mañana.
En infinitos árboles
del mundo, cada hoja
vence al follaje anónimo,
por un imperceptible
modo de no ser otra.
Las olas,
unánimes en playas,
hermanas, se parecen
en el mirar azul,
en el color del pelo,
o gris, sí. Pero todas
tienen letra distinta
cuando cuentan sus breves
amores en la arena.

¡Qué gozo, que no sean
nunca iguales las cosas,
que son las mismas! ¡Toda,
toda la vida es única!
Y aunque no las acusen
cristales ni balanzas,
diferencias minúsculas
aseguran a un ala
de mariposa, a un grano
de arena, la alegría
inmensa de ser otras.
Si el vasto tiempo entero
—río oscuro— se escapa,
en las manos nos deja
prendas inmarcesibles
llamadas días, horas
en que fuimos felices.

Razón de amor (1936)
Pedro Salinas

jueves, 2 de marzo de 2017

Miedo

Antonio Berni. Retrato de Nicolás Guillén.

De repente me asusta
pensar que estoy viviendo.
¡Qué aventura terrible,
qué miedo!
Estar aquí encerrado,
el corazón latiendo;
aquí, sin saber nada,
con los ojos abiertos;
aquí como un sonámbulo,
manos rectas, de ciego,
buscando una salida,
un gendarme, un portero.

Yo aquí en la vida, solo,
viviendo.

Summa poética
Nicolás Guillén

martes, 28 de febrero de 2017

Bosque sombrío

Juan Eduardo Zúñiga. El anillo de Pushkin.

El pueblo ruso ha creado un proverbio «El alma ajena son tinieblas» que hará desistir a quien intente entrar en los secretos de los demás, ya que el alma humana parece huir ante toda indagación, por lo que el príncipe Mishkin —de El idiota de Dostoievski— exclama: «¿Por qué no podemos nunca saberlo todo del otro?» Y el hombre en parte será irreconocible para sus semejantes y preservará una zona, un pozo de mina desconocido de todos. Porque es evidente una decisión de silencio, de ocultarse tras los tupidos matorrales, los troncos próximos ornados de musgo, bajo las vencidas ramas de los abetos. El poeta Fedor Tiutchev —del que dijo Aleksandr Blok que era «el alma más nocturna de la literatura rusa»— lo propone tácitamente en su famoso poema  «Silentium».

Calla, esconde y guarda
los sentimientos y los sueños.

En el fondo del alma
amanecen y anochecerán
igual a la estrella que vive en la noche.
Ámalos y calla.

¿Cómo expresarse con el corazón?
¿Podrá otro comprenderte?
El pensamiento comunicado es falso:
si cavas, alterarás las fuentes:
nútrete de ellas y calla.

Vivir solo en sí mismo es sensato:
en tu alma hay todo un mundo
de pensamientos secretos y mágicos;
les ahoga el fragor de fuera,
la luz del día les ciega.
Escucha su canción y calla.

El anillo de Pushkin (1983)
Juan Eduardo Zúñiga

lunes, 27 de febrero de 2017

El tigre

Collin Bogle. Tigre.

Iba y venía, delicado y fatal, cargado de infinita energía, del otro lado de los firmes barrotes y todos lo mirábamos. Era el tigre de esa mañana, en Palermo, y el tigre del Oriente y el tigre de Blake y de Hugo y Shere Khan, y los tigres que fueron y que serán y asimismo el tigre arquetipo, ya que el individuo, en su caso, es toda la especie. Pensamos que era sanguinario y hermosos. Norah, una niña, dijo: Está hecho para el amor.

Historia de la noche (1977)
Jorge Luis Borges

Grandezas de la burocracia

Dionisio Baxeiras. Abderramán III recibe a Juan de Gorce.

Cuentan que Abderrahmán decidió fundar la ciudad más hermosa del mundo, para lo cual mandó llamar a una multitud de ingenieros, de arquitectos y de artistas a cuya cabeza estaba Kamaru-I-Akmar, el primero y el más sabio de los ingenieros árabes.
Kamaru-I-Akmar prometió que en un año la ciudad estaría edificada, con sus alcázares, sus mezquitas y jardines más bellos que los de Lusa y Ecbatana y aún que los de Bagdad. Pero solicitó al califa que le permitiera construirla con entera libertad y fantasía y según sus propias ideas, y que no se dignase a verla sino una vez que estuviese concluida. Abderrahmán, sonriendo, accedió.
Al cabo del primer año Kamaru-I-Akmar pidió otro año de prórroga, que el califa gustosamente le concedió. Esto se repitió varias veces. Así transcurrieron no menos de diez años. Hasta que Abderrahmán, encolerizado, decidió ir a investigar. Cuando llegó, una sonrisa le borró el ceño adusto.
—¡Es la más hermosa ciudad que han contemplado ojos mortales! —le dijo a Kamaru-I-Akmar—. ¿Por qué no me avisaste que estaba construida?
Kamaru-I-Akmar inclinó la frente y no se atrevió a confesar al califa que lo que estaba viendo eran los palacios y jardines que los ingenieros, arquitectos y demás artistas habían levantado para sí mismos mientras estudiaban los planes de la futura ciudad.
Así fue construida Zahara, a orillas del Guadalquivir.

Falsificaciones (1966)
Marco Denevi

domingo, 26 de febrero de 2017

Atlas

Boris Vallejo. Atlas.

Atlas estaba parado, con las piernas bien abiertas, cargando el mundo sobre sus hombros. Hiperión le preguntó:
—Supongo, Atlas, que te pesará más cada vez que cae un aerolito y se clava en la tierra.
—Exactamente —contestó Atlas—. Y por el contrario, a veces me siento aliviado cuando un pájaro levanta vuelo.

El gato de Cheshire (1965)
Enrique Anderson Imbert

sábado, 25 de febrero de 2017

Industrias y andanzas de Alfanhuí

Dan McCarthy. Lluvia.

Y así toda sutileza se conocía, porque había verdes que parecían iguales y, sin embargo, el agua, al mojarlos, sacaba de ellos un brillo oculto y los revelaba diferentes. Y éstos eran los verdes de lluvia, porque sólo bajo la lluvia se daban a conocer y estaban para guardar en sus gamas el recuerdo de cuanto en los días de lluvia había ocurrido y en lo demás del tiempo se estaban ocultos y nada decían. Porque las mismas cosas tienen, en distintos días, distintos modos de acontecer y lo que ocurrió bajo la lluvia, sólo bajo la lluvia puede ser contado y recordado.

Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951)
Rafael Sánchez Ferlosio

jueves, 23 de febrero de 2017

Proverbios y cantares

Omar Ortiz. La mirada del coloso, 2014.

I

El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.

VIII

Hoy es siempre todavía.

LXVIII

Todo necio
confunde valor y precio.

LXXXV

¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

Proverbios y cantares (1907)
Antonio Machado

domingo, 19 de febrero de 2017

Guirnalda con amores

Adolfo Bioy Casares. Guirnalda con amores.

Retrato del héroe

Algunos al héroe lo llaman holgazán. Él se reserva, en efecto, para altas y temerarias empresas. Llegará a las islas felices y cortará las manzanas de oro, encontrará el Santo Graal y del brazo que emerge de las tranquilas aguas del lago arrebatará la espada del rey Arturo. A estos sueños los interrumpe el vuelo de una reina. El héroe sabe que tal aparición no le ofrece una gloriosa aventura, ni siquiera una mera aventura —desdeña la acepción francesa del término— pero tampoco ignora que los héroes no eluden entreveros que acaban en la victoria y en la muerte. Porque no se parecen a nuestros héroes criollos, no sobrevive para contar la anécdota. ¿Quienes la cuentan? Los sobrevivientes, los rivales que él venció. Naturalmente, le guardan inquina y se vengan llamándolo zángano.

Guirnalda con amores (1959)
Adolfo Bioy Casares

martes, 14 de febrero de 2017

Una muchacha

Andrés Castellanos. Chica de la ciudad.

Ha salido, tal vez, de su casa hace un rato.
No va a ninguna parte. Da gusto, en primavera,
pasear a estas horas sin rumbo, mientras cae
la tarde lentamente y vuelan los vencejos
en la luz que declina. Ha estado en un jardín;
pasó por una plaza y por una alameda.
Tiene ganas de andar.
                                         Ahora, el azar la trae,
despacio, hasta mi calle. Yo, aburrido, me asomo
a un balcón de mi casa, y, al mirar hacia abajo,
la veo venir. Tendrá veinte años apenas.
Camina con la gracia que regala la vida
a quien es bello y joven: gloria breve del cuerpo;
milagro de lo efímero, que cifra en su relámpago
visos de eternidad.
                                   Ajena a mi mirada,
se va acercando. El oro del sol último brilla
en su piel, en sus ojos, en el dulce desorden
oscuro de su pelo. En este instante, cruza
de una acera a la otra. No sabe que la observo,
que su fugaz presencia me hace feliz. Muy pronto
pasará por la puerta de la casa en que vivo.
Ya llega. Ya ha pasado. Y sigue. Y va alejándose.
Dentro de unos momentos doblará aquella esquina.

Autorretratos (1989)
Eloy Sánchez Rosillo

lunes, 13 de febrero de 2017

El aprecio de las cosas

Luis García Montero. El aprecio de las cosas.

Las cosas son un relato, un curso abreviado de filosofía, una forma de cuidado. La vida se enreda en su paciencia para dejarse mirar, y la voluntad de convivir provoca un conocimiento íntimo, una posesión amorosa en la que uno acaba siendo la cosa de sus cosas. Manías, ilusiones, antiguas debilidades, fechas y viajes, todo permanece en las cosas, que dan testimonio y guardan memoria amarga o feliz de nosotros. Las cosas son objetos con los que convivimos, nos conocen y sirven para conocernos, forman un currículum íntimo, una versión humana de los antecedentes penales. Las penas y las dichas van por dentro de las cosas. Cuando se les cruzan los cables a los recuerdos y quieren ponerle precio a la vida en venta, conviene tener la ayuda de las cosas, su mirada vigilante. Los años pasan factura, imponen un modo de entender el tiempo que conviene ajustar con la ayuda del aprecio a las cosas, una herencia que somos capaces de dejarnos a nosotros mismos.
El mercado fija, como el tiempo, el precio de las cosas. Nosotros fundamos el aprecio de aquello junto a lo que vivimos y amamos. Tenemos los días contados y las cosas contadas. El banquero cuenta sus beneficios y el político sus votos. En los sábados de reflexión, con esa capacidad de amor que sólo tienen los solitarios, necesito contar y recontar mis cosas. No pierdo el tiempo, me pierdo en el tiempo de mis habitaciones. Me reconozco en lo que soy, sin someterme a los resultados inmediatos de mí mismo. Vagabundeo por la casa y miro la carta infantil, el paquete de tabaco de mi padre, el primer disco, las fotografías de juventud, los carnés, la bufanda tricolor, la Torre Eiffel de mi primer viaja a París, la corbata de Alberti, los libros dedicados, los cuadernos antiguos, las fotografías en las que me siento una cosa más en los brazos del pasado, los dibujos infantiles de mis hijos, mis pegatinas pacifistas del año 86... ¿Se trata de un museo? No, se trata de un paisaje.

Una forma de resistencia (2012)
Luis García Montero

domingo, 12 de febrero de 2017

El hombre imaginario

Nicanor Parra. Hojas de parra.

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario

Hojas de parra
Nicanor Parra

viernes, 10 de febrero de 2017

Voces reunidas

Antonio Porchia. Voces reunidas.

A veces lo que deseo y lo que no deseo se hacen tantas concesiones que llegan a parecerse.

Lo que hice o no hice, creo que pasó. Y lo que haré o no haré, creo que también pasó.

Mi pobreza no es total: falto yo.

Un corazón grande se llena con muy poco.

No, no entro. Porque si entro no hay nadie.

Cerca de mí no hay más que lejanías.

Toda cosa existe por el vacío que la rodea.

Voces reunidas
Antonio Porchia (1885-1968)

domingo, 5 de febrero de 2017

Política

Luisa Valenzuela. Aquí pasan cosas raras.

Una pareja baja del tren en Retiro. Tienen las manos ocupadas: de la izquierda de él y de la derecha de ella cuelgan sendos bolsos. La izquierda de ella y la derecha de él están enlazadas. Miran a su alrededor y no entienden. Las manos enlazadas se desenlazan, él se enjuga el sudor de la frente, ella se arregla la blusa. Vuelven a tomarse de la mano y caminan varios metros hasta la calle. Recién llegados del interior. Traen la información. Nadie ha ido a recibirlos. Se pierden en la ciudad, desaparecen para siempre y nunca más serán identificables a partir del momento en que se soltaron las manos, poco después de la llegada a Retiro. Las manos no se vuelven a juntar en la ciudad —o muy esporádicamente— y la información de diluye en los gases de escape y queda flotando por ahí con la esperanza de que alguien, algún día, sepa descifrar el código

Aquí pasan cosas raras (1975)
Luisa Valenzuela

sábado, 4 de febrero de 2017

Apuntes

Czeslaw Milosz. Tierra inalcanzable.

Apuntes

Esta gente que está a mi lado no sabe cuán difícil es fingir que nada ha pasado, que todo es normal.

Amé a Dios con todas mis fuerzas en los caminos arenosos de los bosques.

¿Dónde está la memoria de esos días que fueron tus días en la tierra,
Y te causaron dolor, y alegría, y fueron para ti todo el universo?

Muy abajo, en las simas,
Una mesa, en ella hay un libro grueso,
Y una mano que escribe en él...
De Otro espacio (2002)
Traducción de de Xavier Farré

Tierra inalcanzable. Antología poética.
Czeslaw Milosz

viernes, 3 de febrero de 2017

Del otro lado

Eugénio de Andrade, en 1998. Foto: Alfredo Cunha.

También yo me he sentado ya algunas veces a las puertas del crepúsculo, pero quiero decirte que mi comercio no es el del alma, hay iglesias de sobra y nadie te impide entrar. Muere si quieres por un dios o por la patria, eso es cosa tuya; hasta puede suceder que mueras por algo que te pertenezca, pues siempre patrias y dioses han sido propiedad sólo de algunos, pero no me pidas a mí, que sólo conozco los caminos de la sed, que te muestre la dirección de los manantiales.

Traducción de Ángel Crespo

Memoria de otro río (1976-1977)
Eugénio de Andrade

miércoles, 1 de febrero de 2017

Regla de San Benito

Oswaldo Cantillo. La cantoría.

G) — La Disciplina

30. La corrección de los niños y los menores

Cada edad y cada inteligencia deben ser medidas por su propio rasero. Por eso cuando cometan faltas los niños, los adolescentes o los que no pueden llegar a comprender la gravedad de la pena de excomunión, para que se curen se les someterá a ayunos rigurosos o se les castigará con azotes fuertes.


45. Las faltas en el oficio del coro

Si alguno se equivoca mientras recita un salmo, un responsorio, una antífona o una lección, y no se humilla ante todos dando reparación en el acto, se le impondrá un castigo más severo ya que no quiso corregir con humildad lo que hizo mal por negligencia.
Y a los niños se les pegará por esa falta.

Versión de Antonio Linage Conde

Regla de San Benito
San Benito (480-547)

martes, 31 de enero de 2017

La vuelta al reloj

Édouard Manet. El lector

Todos los días, a las tres y media de la tarde, cuando el sol es más firme y las calles parecen más solitarias, el viejo lector acude humildemente a la Biblioteca. Suele ser el primero en llegar y por eso espera en un oscuro descansillo. Los empleados en cuyas voces y gestos se percibe cierta brusquedad— le tratan casi con cariño, aunque él evite su mirada o no los reconozca. El viejo lector tiene unos ojos azules que comienzan a engañarle con las sombras.
Cuando penetra en la Biblioteca ve los volúmenes inabarcables, que dormitan, como si fuera imposible reconocer el bullicio sordo de las palabras que en ellos aguarda. El viejo lector se distrae a veces con mapas amarillentos o juega con el reloj de arena que siempre lleva consigo. A veces también alza la cabeza y deja su vista fatigada sobre el techo, como aventurando conjeturas imposibles. Sin embargo, lo que trae al lector a la olvidada Biblioteca es algo muy concreto, quizá evidentísimo, que sabe que reconocerá si da con el volumen adecuado (Imaginemos, tal vez esté en su mente la historia que Suetonio escribió sobre la guerra de Crimea, en una ilocalizable versión árabe).
El viejo lector trabaja con fanática paciencia. Nada podría distraerle, en su inmensa soledad, de la tarea. La bibliotecaria se muestra solícita con él, le trae los libros que pide y es incluso amable.
El viejo lector recorre miles de líneas y toma algunas notas. De vez en cuando da la vuelta a su reloj y la arena, confundida, vuelve a deslizarse silenciosamente. A veces levanta la cabeza y se ve solo en el inmenso salón de lectura. 
Sólo él sabe qué hermoso es el camino y qué cierta la derrota.

Noticia de tierras improbables (1992)
Pedro Ugarte

lunes, 30 de enero de 2017

Una mujer desnuda y en lo oscuro

Ilustración de Manrico Orlandi.

Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda

una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan

una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo

una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte

Preguntas al azar (1985-1986)
Mario Benedetti

domingo, 29 de enero de 2017

Memorias

Alfonso Canales, fotografiado por Francis.

Como quien ve una cinta de romanos
veo mis gastados días, mis pesquisas de niño,
mis lejanos jardines y mis descubrimientos
de prohibidos placeres.
Ya no es mío ese tiempo
gastado y muerto: finjo
recordar, cuando soy
un mero espectador ante sucesos
torpemente inventados.
Soy otro, y antes otro y otro fui. Me figuro
que este que escribe ahora
estos versos arrastra cadenas de ocasiones
gozadas o dolidas, pero en verdad no acierto
a saber si el de hoy
es el mismo de ayer y será el de mañana.

Poemas de la teja
Alfonso Canales (1923-2010)

sábado, 28 de enero de 2017

La hoja

Jean-François Dupuis. Hoja.

Un hombre se alejaba, en extremada soledad, del centro urbano; se sentó en un banco, al borde de uno de esos grandes bulevares que suelen llamar allá «cinturón». Una hoja se posó sobre él, pues había árboles en aquel cinturón. En modo alguno se habría atrevido a tirar esa hoja: era una señal de lo alto y la guardó.
Debía volver a casa, donde le esperaba algo que comer, no tenía hambre, pero se había de alimentar. ¿O acaso era mejor, sin más espera, instalarse allí para toda la eternidad y morir? Fue justo entonces cuando un singular problema tomó forma. Un hombre que deambula por la calle con una hoja en la mano despierta extrañeza; pero él no tenía derecho a separarse de la hoja: era ésta una señal de lo alto. La hizo entonces girar entre sus manos cruzadas a la espalda como por distracción: un modo de evitar el ridículo. Y mientras así la hacía girar y girar, la hoja, repentinamente, cayó; en la última callejuela antes de llegar a donde vivía él. El hombre prosiguió su camino, la cobardía era demasiado fuerte en el fondo de sí y la hoja quedaba por tierra, atrás.
Un paso más, un paso y después otro, y la hoja quedaba cada vez más lejos, detrás de él, por tierra. Sentía su cobardía crecer, soñaba con campos inmensos que se agigantaban a la caída de la noche, y el recuerdo de la hoja volvía sin cesar y una vez más se perdía. En un momento dado, sin embargo, se hizo invencible el miedo, y el acontecimiento se produjo, surgió a pesar de todo: maquinalmente se volvió en busca de la hoja.
En esa pugna en la que se jugaban su felicidad y su vida había llegado de todos modos a decidir; por eso, apenas hubo empezado a desandar su camino, su marcha se hizo alegre: ya no temía a nadie, iba a buscar la hoja.
Una pequeña hoja, un poco marchita, difícil de distinguir sobre el empedrado.
Caminó sin verla mucho tiempo. El viento la habrá arrastrado, pensó, o el pie de un transeúnte. Sintió entonces una gran tristeza. Después, el canto de una alegría lejana volvió a alzarse, porque la desgracia ya no vendría por él. Se encaminó con más alegre paso hacia su casa. 
Cuando apenas había hecho la mitad de camino, vio la hoja. Estaba allí, sobre el empedrado, visible y tontamente. Pequeña y visible era la hoja, y el hombre comprendió cómo podía no haberla visto. Lleno de júbilo la recogió, sin preocuparse de las mujeres que, desde las ventanas, miraban mientras sacudían sus sábanas.
La victoria era ahora suya, manifiesta, en una inmediata claridad. Con la hoja en la mano, erguida la cabeza, entró en su casa.

Versión de  José Ángel Valente de la traducción francesa efectuada por Philippe Jaccottec

La hoja
Ludwig Hohl (1904-1980)

lunes, 23 de enero de 2017

Los veranos

Francisco Brines. El otoño de las rosas.

¡Fueron largos y ardientes los veranos!
Estábamos desnudos junto al mar,
y el mar aún más desnudo. Con los ojos,
y en unos cuerpos ágiles, hacíamos
la más dichosa posesión del mundo.

Nos sonaban las voces encendidas de luna,
y era la vida cálida y violenta,
ingratos con el sueño transcurríamos.
El ritmo tan oscuro de las olas
nos abrasaba eternos, y éramos sólo tiempo.
Se borraban los astros en el amanecer
y, con la luz que fría regresaba,
furioso y delicado se iniciaba el amor.

Hoy parece un engaño que fuésemos felices
al modo inmerecido de los dioses.
¡Qué extraña y breve fue la juventud!

El otoño de las rosas (1986)
Francisco Brines

Canto a mí mismo

Walt Whitman. Canto a mí mismo.

46

Lo mejor del tiempo y del espacio es mío,
del tiempo y del espacio que nunca se han medido,
del tiempo y del espacio que nadie medirá.

Marcho por un camino perpetuo (Escuchadme todos).
Mis señas son un capote de lluvia,
zapatos regios y un báculo que he cortado en el bosque.
Ningún amigo mío se sentará en mi silla.
Yo no tengo silla, ni iglesia, ni filosofía; 
yo no conduzco a los hombres
ni al casino
ni a la biblioteca
ni a la Bolsa...
Los llevo hacia aquellas cumbres altas.
Mi mano izquierda te tomará por la cintura,
con la derecha te mostraré paisajes del continente y del camino abierto.
Nadie, ni yo, ni nadie, puede andar este camino por ti,
tú mismo has de recorrerlo.
No está lejos, está a tu alcance.
Tal vez estás en él sin saberlo, desde que naciste,
acaso lo encuentres de improviso en la tierra o en el mar.

Traducción de León Felipe

Canto a mí mismo
Walt Whitman

domingo, 22 de enero de 2017

Diario íntimo

Sören Kierkegaard. Diario íntimo.

Sólo cuando me pongo a escribir me siento bien. Entonces se me desvanecen los disgustos de la vida y los sufrimientos, me encuentro con mi pensamiento y me siento feliz. Nulla dies sine linea. Nulla dies sine lacryma. Ni un solo día sin escribir una línea. Ni un solo día sin verter una lágrima.

Traducción de Mª Angélica Bosco

Diario íntimo
Sören Kierkegaard (1813-1855)

viernes, 20 de enero de 2017

Estelas

Mercedes Escolano. Estelas.

XXIV

De la noche aprendí el precio de la luz.
De los libros, la luz sin precio
para el hombre. De la noche y los libros
le vienen al hombre no pequeños placeres.

XXXIX

Júpiter, que da y quita los bienes
a voluntad, quiso concederme
días agradables: buenos libros,
amistades sencillas y tranquilos
días en el campo, alejado de la turba
y el bullicio indómito de Roma.

Estelas (1991)
Mercedes Escolano

Aviso de caminantes

Eloy Sánchez Rosillo. Elegías.

En la suma de días indistintos
que la vida da al hombre, acaso hay uno
en que el destino, trágico y hermoso,
pasa por nuestro lado y el azar manifiesta
una insólita luz, un desusado
fulgor inconfundible.
Pero no has de dudar. Ten el coraje
cuando llegue el momento,
de abandonar las cosas con que siempre
te engañó la costumbre, y sube pronto
a ese carro de fuego.
                                    Poco dura
el milagro.
                   Después, si te negarás
a partir, sólo noche
merecerás. Y nunca, aunque quisieras,
podrás comprar la luz que despreciaste.

Elegías (1984)
Eloy Sánchez Rosillo

jueves, 19 de enero de 2017

Libro del desasosiego

Alexei Galushkov. Chevrolet. (Retroatelier).

347
¿Viajar? Para viajar basta con existir. Voy de día a día, como de estación a estación, en el tren de mi cuerpo, o de mi destino, asomado a las calles y a las plazas, a los gestos y a los rostros, siempre iguales y siempre diferentes como, al final, lo son todos los paisajes.
Si imagino, veo. ¿Qué más hago si viajo? Sólo la debilidad extrema de la imaginación justifica que haya que desplazarse para sentir.
«Cualquier carretera, esa misma carretera de Entepfuhl, te llevará hasta el fin del mundo» Pero el fin del mundo, desde que el mundo se ha acabado dándole la vuelta, es el mismo Entepfuhl de donde se ha partido. En realidad, el fin del mundo, como el principio, es nuestro concepto del mundo. Es en nosotros donde los paisajes tienen paisaje. Por eso, si los imagino, los creo; si los creo, existen; si existen, los veo como a los otros. ¿Para qué viajar? En Madrid, en Berlín, en Persia, en la China, en ambos Polos, ¿dónde estaría yo sino en mí mismo, y en el tipo y género de mis sensaciones?
La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.

Traducción de Ángel Crespo

Libro del desasosiego
Fernando Pessoa (1888-1935)